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7 hechos que la industria de las bebidas gaseosas y azucaradas jamás te dirán

Image: Drinking soda

Las bebidas gaseosas y azucaradas se encuentran entre uno de los alimentos más perjudiciales para la salud pero, extrañamente, también entre los más populares. Se trata a todas luces de un gusto adquirido, influenciado por empresas concretas que encontraron en este hábito pernicioso y en última instancia artificial, la fuente de sus cuantiosas ganancias.

A continuación un listado con 7 hechos que, aunque probados, la industria de las bebidas gaseosas nunca dirá a sus consumidores cautivos.

1. El agua se está convirtiendo en la bebida más popular

Sea por las campañas de salud pública, por un asunto de estatus socioeconómico, por la propaganda del mercado o por alguna otra razón, el agua pura ha experimentado en los últimos años un crecimiento notable en sus niveles de consumo, particularmente en países desarrollados y subdesarrollados. En Estados Unidos, por ejemplo, las ventas de agua embotellada aumentaron en un 56% de 2001 a 2011, rondando, en promedio, los 26 galones por persona (casi 100 litros). Para el mismo periodo el consumo de bebidas gaseosas cayó 16%, a 44 galones (166 litros).

Por supuesto el consumo de bebidas gaseosas sigue siendo abrumante, pero también existe esta tendencia contaria.

2. La Coca Cola engordó a Santa

Muchos tenemos en la mente la imagen del viejo bonachón de mejillas sonrosadas y esponjada barba blanca que cada diciembre regresa trayendo consigo regalos que deja a los niños que se portaron bien durante todo el resto del año. Santa Claus es el nombre con que se conoce en los países anglosajones a este viejo amable y generoso, exportado también a otros países como parte del colonialismo cultural que sirve de herramienta ideológica al sistema económico dominante.

Como se sabe, el antecedente de Santa Claus es San Nicolás, un santo de la tradición europea cuyo aspecto nada tiene que ver con el del panteón capitalista. Y quizá no sea casualidad que, obeso como lo conocemos, este personaje esté asociado a ciertas bebidas gaseosas, que lo han convertido en una suerte de emblema suyo para el fin de año.

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La relación entre obesidad y consumo de bebidas está más que probada. No por nada los países donde más se beben refrescos son también donde más personas obesas hay —Estados Unidos y México—, con repercusiones en otros asuntos de salud como el desarrollo de diabetes y otras enfermedades.

Con todo, la industria asegura que dicho vínculo es inexistente.

3. El refresco de “dieta” no es de dieta

La nuestra es una época que encontró cierta predilección por el eufemismo, ese recurso lingüístico de la corrección política que por lo regular enmascara y suaviza.

Este es un poco el caso de la denominación “dieta” de las bebidas gaseosas, la cual parece un salvoconducto para incluir a estas en un dudoso rubro de lo saludable o lo permisible. Por ser de dieta, podría pensar un consumidor, el refresco ya no es tan dañino.

Con todo, un estudio realizado recientemente por un equipo multinacional de investigadores, encontró que el consumo de bebidas gaseosas de dieta incrementa la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2, además de que las mujeres que beben bebidas “light” tienden a consumir hasta 43% más gaseosas que los hombres que beben bebidas normales.

4. La creciente adicción a la cafeína

Después de las bebidas gaseosas, las llamadas “energéticas” se han convertido en el nuevo favorito del mercado, tanto que incluso la industria espera duplicar sus ventas de aquí a cuatro años (que en 2012 fueron de 12.5 mil millones de dólares en Estados Unidos).

El problema con estos productos es su alto nivel de cafeína, casi 4 veces mayor al de una porción equivalente de refresco, con los efectos en la salud que ello conlleva.

5. Cafeína y alcohol y los riesgos de mezclarlos

A pesar de los altos niveles de cafeína, es común que las bebidas energéticas se mezclen con alcohol, una combinación especialmente peligrosa que provoca taquicardia, dolores de cabeza y aun ataques, según se ha observado en las salas de emergencia de hospitales y clínicas donde terminan, cada vez con más frecuencia, los jóvenes que incurren en esta práctica.

6. El tamaño sí importa

¿Cambiaría en algo que cines, restaurantes, estadios y otros lugares de entretenimiento público vendieran bebidas gaseosas en porciones menores? Esa fue la intención de Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York que dictó una orden para que en estos y otros sitios no se vendieran bebidas azucaradas en presentaciones de más de 16 onzas. La Suprema Corte, sin embargo, echó abajo la resolución.

7. Impuestos bloqueados

No son pocos países que intentan revertir el efecto dañino de los refrescos en la salud pública con impuestos y otras medidas que, en el escenario ideal, se destinaría a subsanar dicho perjuicio. Sin embargo, el lobby de la industria es poderoso, y por lo menos en Estados Unidos no han sido pocos los casos en que estos esfuerzos terminan sucumbiendo ante su poderosa influencia

[WSJ]

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