Hábitos alimenticios provocan más de 300 mil muertes al año en Estados Unidos

Cerca del 70% de las calorías consumidas en Estados Unidos provienen de alimentos procesados

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Al año mueren 3,000 personas y 130,000 son hospitalizadas por comida infectada con enfermedades. Mientras estas cifras son trágicas, no se comparan con los 310,000 estadounidenses que mueren al año por condiciones tratables causadas por una mala dieta.  Problemas cardíacos, diabetes, obesidad, hipertensión, infartos y algunos tipos de cáncer son las enfermedades mortales causadas por la comida procesada. La preocupación moderna no es por los patógenos como E. Coli, salmonela o campylobacter sino la comida sin contenido nutricional que hemos estado consumiendo desde la década de los cuarenta.

En el último siglo la alimentación ha pasado por un cambio sin precedentes. Hoy en día, el 70% de las calorías que consumen en Estados Unidos provienen de comidas altamente procesadas, alimentos cargados con sal, azúcar, grasa, aditivos cuestionables y granos refinados sin ningún valor alimenticio.

El resultado de consumir alimentos cocinados por compañías es que no estamos comiendo algo que podríamos preparar en casa, sino algo que es producido con decenas de ingredientes de los cuales sabemos poco, y que frecuentemente no están en la misma sintonía que nuestros cuerpos.

El hecho es que en Estados Unidos, gran parte de la comida no es sana y el FDA (Food and Drug Administration) hace poco al respecto, a pesar de las nuevas leyes que le da la autoridad de regular de cerca los alimentos, por ejemplo las enormes cantidades de sodio y grasas trans en alimentos de comida rápida y restaurantes.

De alrededor de 5,000 sustancias que se pueden agregar a la comida el FDA no tiene conocimiento alguno de 1,000 de ellas y sólo ha hecho pruebas de toxicología a menos de 2,000 de ellas. Las sustancias cumplen con el propósito de preservar o manufacturar la comida pero tienen efectos cuestionables en la salud. Algunos son:

BHA: un cancerígeno encontrado en Tang, Kool-Aid y las salchichas de McDonald’s.

Azodicarbonamide: un químico inflamable, pseudo-comestible usado comúnmente en pan, al calentarse se convierte en un compuesto cancerígeno.

Aceite vegetal brominado: encontrado en el Gatorade, sustancia que se legalizó en la década de los setenta con pruebas pendientes que aún no se han llevado a cabo.

La razón por la cual la FDA no ha actuado de manera satisfactoria es porque se encuentra -hasta cierto- punto maniatada, ya que el congreso de Estados Unidos no le ha dado los fondos necesarios para supervisar a una industria alimenticia de un trillón de dólares.

Una medida preventiva sería evitar comer tantos alimentos procesados, en vez de que las comidas sean 70% chatarra disminuirla hasta el 20 o 30%. Si todos escogemos comer menos comidas procesadas podríamos evitar muertes tempranas e innumerables padecimientos prevenibles.

[The Daily Beast]

 



La resacralización del alimento como un requisito evolutivo

El británico Jamie Oliver realiza una campaña mundial para revalorizar al alimento como promotor de vida.

Para culturas milenarias la comida es el principio de la concepción sobre el mundo. Es desde el alimento y sus características que estas civilizaciones iban forjando su identidad, pues representaba el principal eslabón de pertenencia después de la familia y la tierra misma: sus frutos constituían la evidencia más palpable de su entorno inmediato, y de sus variables fundamentales, como el clima y la fertilidad.

El alimento es obviamente vital para el desarrollo de la humanidad. Pero la cotidianiedad actual, con la inmediatez como una de sus principales cualidades, ha transformado nuestra relación con la comida. En el factor producción, nuestros alimentos son obtenidos en el menor tiempo posible, bajo el menor costo y en la mayor escala probable. En el componente de preparación y consumo seguimos un modelo de velocidad y vivimos alejados de su proceso de creación –para comprobarlo basta con analizar la hegemonía de la comida rápida.

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Para el chef británico Jamie Oliver, algunas de las principales problemáticas contemporáneas están relacionadas con la calidad de vida y la salud como el estrés y la frustración. Mismas que podrían resolverse, al menos parcialmente, por medio de la revalorización del principal eslabón de las necesidades humanas: la comida. La fundación Jamie Oliver Foundation crea programas en escuelas para que los niños cosechen lo que comen, y comprendan así las propiedades y efectos de cada alimento. Además, esta organización trabaja con comunidades y gobiernos para promover el auto-abastecimiento de insumos vía la agricultura, y la preparación de sus propios alimentos.

Estamos íntimamente unidos a lo que comemos, y debemos de respetar la jerarquía que la alimentación merece –algo así como re-sacralizar está práctica. El hacerlo representa un buen inicio para cuestionar nuestros hábitos cotidianos y, eventualmente, imaginar modelos alternativos al actual sistema. A fin de cuentas parece evidente la sabiduría implícita en ese refrán popular que reza: “Dime qué comes, y te diré quién eres”.

 

 



Estudio demuestra que la sauna alarga la vida y mejora la salud de los hombres

Para los investigadores, la frecuencia entre las sesiones establece una diferencia en la salud y longevidad del individuo.

La sauna comenzó siendo un lugar sagrado que se ubicaba en el patio de las casas, y el cual conllevaba a un rito con varios lapsos de purificación corporal y espiritual. La costumbre finlandesa explica que, hasta la II Guerra Mundial, la sauna era el lugar donde se daba a luz y se preparaba el cadáver para el entierro; por lo que se usaba con fines tanto higiénicos como terapéuticos.

Originalmente, la sauna se trataba de un sistema de salas de calor a diferentes temperaturas; donde la primera estaba a 25°C, la segunda a 40°C y la tercera a 60°C. Por lo que se llegaba a combinar el calor seco y húmero, con frío y masajes; lo que proporcionaba beneficios corporales como la eliminación de sebo, toxinas y bacterias.

De hecho, de acuerdo con un estudio publicado en JAMA,  los hombres que asisten regularmente a la sauna gozan de una mejor salud y una mayor longevidad. La investigación tuvo lugar en Finlandia, donde se analizó una muestra de 2 315 hombres entre 42 y 60 años de edad a lo largo de 21 años.

Los resultados mostraron que la población que asistía a la sauna entre dos y tres veces por semana, redujo el riesgo de muerte súbita por infarto hasta un 22 por ciento; y para los que asisten entre cuatro y siete, hasta un 63 por ciento. Por otro lado, el riesgo de muerte por enfermedades arteriales disminuyó entre 23 y 48 por ciento; y de morir por cualquier causa, entre 24 y 40 por ciento menos.

Para los investigadores, la frecuencia entre las sesiones establece una diferencia en la salud y longevidad del individuo. Por ejemplo, para los hombres que se quedan menos de once minutos dentro del sauna, tienen un riesgo de morir por una crisis cardíaca de 7 por ciento mayor que aquellos cuya estancia ronda entre los once y 19 minutos.



Un estudio comprueba que comemos peor que nuestros abuelos

Los alimentos procesados con alto contenido de azúcar, grasa y almidón están impulsando el aumento de comidas poco saludables.

La globalización ha traído cosas muy positivas, como la expansión en las tecnologías de la información que diversifican las plataformas para la libertad de expresión. También la comunicación antes casi impensable, y en tiempo real, de personas que se encuentran en distintas partes del mundo. 

Sin embargo, como casi todo, la parte oscura de la globalización está presente y está estrechamente relacionada con la expansión en el poder de las corporaciones, que han alienado ideologías y creencias, además de hábitos de consumo, entre ellos, el del alimento. Es común escuchar que la dieta de nuestros abuelos solía ser mucho más sana que las de las nuevas generaciones, ¿pero qué tanto es verdadero? 

Según uno de los nutriólogos más importantes del mundo, Dariush Mozaffarian, el decano de la Escuela Friedman de Ciencias y Políticas de Nutrición de la Universidad Tufts, y citando un estudio que coescribió para le edición de marzo de la publicación especializada The Lancet Global Health:  “La globalización” de las dietas occidentales, en las que un pequeño grupo de compañías de alimentos y agricultura tienen un poder desproporcionado para decidir lo que se produce, está causando parcialmente el cambio hacia una alimentación no saludable” “Los alimentos procesados con alto contenido de azúcar, grasa y almidón están impulsando el aumento de comidas poco saludables.”

Los países que han empeorado su dieta 

Según Mozaffarian, los países pobres en el África subsahariana y Asia han visto el aumento más rápido en el consumo de alimentos poco saludables. China y la India registraron los aumentos más altos en consumo de alimentos poco saludables.

Países que mejoraron su alimentación

La situación mejoró levemente en Europa Occidental y América del Norte.

“La mayoría de los esfuerzos globales de nutrición se han enfocado en las calorías”, dijo Mozaffarian a la Fundación Thomson Reuters. “Necesitamos enfocarnos en la calidad de las calorías para los países pobres, no solo en la cantidad”(…)“Los jóvenes están creciendo con dietas mucho peores que sus padres o abuelos”.



Descubre las cantidades adecuadas de la canasta básica de alimentos

Con tan sólo un bocado, los alimentos brindan una sensación de confort y bienestar que es capaz de optimizar tanto el funcionamiento como el autocuidado del cuerpo.

La alimentación es tanto una de las necesidades básicas como uno de los grandes placeres de la vida. Con tan sólo un bocado, los alimentos brindan una sensación de confort y bienestar que es capaz de optimizar tanto el funcionamiento como el autocuidado del cuerpo.

Por lo que es indispensable prestar atención adecuada a aquellos productos que ingerimos a nuestro cuerpo. En especial si se trata de alimentos  rodeados de mitos y dudas. Tales como:

Mantequilla. Lo ideal es evitar la mantequilla y remplazarla con productos con baja grasa poliinsaturada. Puedes consumirla en pequeñas dosis, y así reducir los riesgos de incrementar los niveles de colesterol en la sangre.

Leche. Procura consumirla desnatada o semi-desnatada, una vez al día. Esto brindará un tercio de la cantidad de calcio que necesitas.

Huevos. Debido a su cantidad de colesterol, es recomendable limitar su consumo. Por otro lado, los huevos cuentan con toda clase de nutrientes, tales como las vitaminas y las proteínas. Ayudan a controlar la sensación del apetito. El consumo recomendado es de tres veces a la semana.

Aceite de oliva. Se trata del súper ingrediente para mejorar la salud. Su principal uso es en ensaladas. Por lo que la dosis recomendada es entre una y dos cucharadas al día.

Carbohidratos. Estos deberían ser alrededor del 50 por ciento del consumo de la comida en general. En especial si provienen de alimentos integrales. Sin embargo los carbohidratos simples incrementan el riesgo de sufrir de obesidad y otras enfermedades como diabetes y cáncer. Por lo que no es recomendable consumir grandes cantidades de pastas, arroz y pan blanco, ya que se digieren rápidamente liberando azúcar directamente en el flujo sanguíneo.

Carne procesada. Está bien si se consume con moderación, y así se evita riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares, cáncer en los intestinos y otros. Lo ideal es consumirlo sólo un par de veces a la semana si en verdad no hay otra opción (pero no más).

El vino tinto en pequeñas cantidades es bueno para la salud del corazón. Sin embargo, en grandes cantidades, se eleva el riesgo de desarrollar cáncer y otras enfermedades. Por lo que se recomienda consumir una copa de vino tinto al día, con un descanso de un par de días a la semana.

Yogurt. Siempre y cuando sea de sabor natural, el yogurt permite reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes; así como de ayudar a bajar el exceso de peso. Consúmelo regularmente.

Jugo de frutas natural. Los jugos comerciales tienden a tener grandes cantidades de azúcar (cerca de diez).

El pan es bueno para ti, siempre y cuando sea en proporciones moderadas. Por ejemplo, entre dos y cuatro rebanadas al día.

Cafeína. Entre dos y cuatro copas de café o té es bueno para tu salud; sin embargo, es indispensable revisar las calorías en caso de que incluyan otros productos como la leche.

Chocolate oscuro (sin azúcar) es bueno para el corazón, ya que disminuye la glucosa de la presión sanguínea.

 

 



¿Cómo se alimenta cada país del mundo? (Este mapa te lo dice)

Este proyecto nos permite cuestionarnos no sólo sobre la valiosa diversidad cultural, sino la importancia que implica el consumo local de nuestros productos.

¿Podrías reconocer los alimentos típicos de la mayoría de los países? Probablemente, si se mencionara a Francia, vendría a la mente sus vinos y quesos; Rusia, el vodka y el caviar; India, las incontables especias como el curry; China, sus fideos y arroces; México, el tequila y sus tortillas; España, sus carnes frías y la paella; Italia, las pastas y su café; Canadá, su salmón y arenques; Venezuela, las arepas y las hallacas; Argentina, carnes asadas y las empanadas; Perú, sus ceviches; Alemania, salchichas y cerveza; Bélgica, sus papas fritas; Chile, sus mariscos y el pisco; entre muchos más.

En el mundo existe una amplia variedad de sabores que transmiten la riqueza del planeta, el placer que inicia con el apetito y la salud de varias familias encargadas del procesamiento de los alimentos. Por ello, el fotógrafo Henry Hargreaves y la estilista de comida Caitlin Levin han decidido hacer mapas de diversos países del mundo con sus respectivas comidas tradicionales. Lo interesantes es que estos planos están hechos con comida real.

 

El objetivo de este par es conocer y comprender de una manera distinta la identidad y la cultura de un lugar, para que las personas puedan unirse. En el video que les compartimos, Caitlin menciona: “Usamos diferentes tipos de quesos para Francia (por mencionar algunos: brie, quesos suaves, queso azul. Decidimos hacer a EE.UU. con maíz porque este país es conocido por su importante uso de esta semilla en la comida procesada.”

Este proyecto nos permite cuestionarnos no sólo sobre la valiosa diversidad cultural, sino la importancia que implica el consumo local de nuestros productos. Se trata de una llamada de atención al porvenir de los implicados en la inocuidad de los alimentos que llegan a nuestro hogar.

 

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