Este animal es el ancestro común de hombres, ardillas, ballenas y todos los mamíferos placentarios

Un equipo de científicos descubrió este pequeño animal del tamaño de una ardilla, insectívoro, que vivía hace 65 millones de años y que podría ser el ancestro de todos nosotros, los mamíferos placentarios.

placental-mammal-ancestor-130207b-02Este pequeño animal podría ser el antecesor de ratones, elefantes, tigres, osos, ballenas, murciélagos y humanos. Tenía el tamaño de una ardilla moderna, se alimentaba de insectos y vivía hace 65 millones de años, justo cuando terminaba la época de los dinosaurios.

Un grupo de 23 científicos de todo alrededor del mundo, completó la imagen de cómo podría verse el ancestro más antiguo de los mamíferos placentarios (los que mantienen vivos a sus retoños dentro de la placenta), distinto al de los marsupiales (como los canguros, que cuidan a sus crías en bolsas) y monotremas (como los ornitorrincos, que nacen de huevos).

Este grupo de científicos analizó miles de características encontradas en fósiles y en especies mamíferas aún vivas. Con esta información, tanto morfológica como del ADN, construyeron un árbol familiar. El modelo llegó a una precisión tal que pudieron revelar diminutos detalles como la forma de su cerebro o de los huesos internos del oído.

Se estima que este animal vivió entre 200 mil y 400 mil años después del evento que causó la extinción de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Se cree que luego este ancestro dio origen a la rama de los mamíferos placentarios, que hoy en día se compone de más de 5,100 especies viva, entre ellas nosotros los seres humanos.

[LiveScience]



Así se vería la población mamífera en Tierra si los humanos no hubieran existido

Soren Faurby demostró que cada vez hay menos mamíferos grandes desde la llegada de los Homo sapiens

A lo largo de los últimos años, numerosos grupos y asociaciones han intentado hacen un llamado de consciencia a nivel mundial en relación con el detrimento del planeta, de sus recursos, su fauna y su flora. La manera de hacerlo ha sido a través de invitaciones a llevar una vida más ecosustentable, de diseños artísticos que expresan su preocupación por el medio ambiente, investigaciones acerca del impacto del hombre en el planeta, entre otros.

Uno de los estudios que han procurado prestar atención a este tipo de situaciones es el del ecologista Soren Faurby, quien demostró que cada vez hay menos mamíferos grandes desde la llegada de los Homo sapiens; por lo que se realizó un mapa hipotético de la megafauna del planeta si los humanos nunca hubieran existido.

Actualmente, la África sub-sahariana es uno de los lugares en el mundo con mayor especies mamíferas grandes: “Es uno de los lugares donde las actividades humanas no han desterrado a estas especies; y aún así, ahí hay muchas especies en peligro de extinción y sus rangos han estado severamente limitados por la actividad humana.

Mientras que en otras partes del mundo, la mayoría de estas especies fueron erradicadas; como por ejemplo, el bison norteamericano, el oso café europeo, entre otros. Por esta razón los investigadores se encargaron de realizar un mapa que demostrara gráficamente cómo la diversidad mamífera ha ido desapareciendo desde el impacto del hombre: “Si los humanos no hubieran existido, los mamíferos grandes aún reinarían en prácticamente todos los continentes de la Tierra”. El equipo calculó cómo serían los hábitats de estas especies, como los osos, elefantes, alces, rinocerontes, tigres, lobos, en caso que los humanos nunca hubieran construido granjas o ciudades, alterado el clima de la Tierra ni sus ecosistemas. Se los compartimos:

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Un disco de materia oscura pudo ser la causa de extinción de los dinosaurios

Una nueva teoría sobre la extinción de los dinosaurios sostiene que un disco de materia oscura que la Vía Láctea produce periodicamente podría encontrarse entre las causas del desastres que condujo a dicha desaparición.

La extinción de los dinosaurios ha sido un enigma de la historia natural de nuestro planeta. Hasta ahora la hipótesis más aceptada responsabiliza a la caída de un meteorito cerca de la península de Yucatán hace 66 millones de años, y el consecuente cambio climático que desató, como la principal causa de su desaparición.

Ahora, científicos de la Universidad de Harvard sugieren la posibilidad de que la materia oscura esté implicada en dicha extinción.

De acuerdo con los astrónomos Lisa Randall y Matthew Reece, como parte de los periodos naturales de la Vía Láctea, el Sistema Solar pasa cada 35 millones de años por un disco de materia oscura que produce nuestra galaxia. En este modelo, dichas formaciones son capaces de alterar la fuerza de gravedad a su alrededor, desatando en este caso cometas que se desprenden de la nube Oort (de donde también provino el cometa ISON).

Para sustentar esta teoría, los investigadores estudiaron cráteres de 20 kilómetros de diámetro o más, la mayoría de ellos con una antigüedad de hasta 250 millones de años. Según este análisis y en comparación con dichos ciclos de 35 millones, encontraron picos en la frecuencia con que cometas impactaron en la Tierra y el momento en que el Sistema Solar se encontraba cerca del disco de materia oscura.

En el caso del cráter Chicxulub, al que se asocia con la extinción de los grandes saurios, la hipótesis todavía necesita probarse con otras coincidencias y circunstancias, en particular si el meteorito que lo provocó surgió de la nube Oort, única condición imprescindible para relacionar el hecho con los efectos del disco de materia oscura.



“Antes de que desaparezcan”, imágenes de grupos étnicos próximos a la extinción

“Before They Pass Away” es el nuevo libro del fotógrafo Jimmy Nelson. En el se encuentran algunas de las fotos más encantadoras de las pocas tribus étnicas que aún existen en el planeta. Antes de que desaparezcan.

Al margen de que la civilización moderna está acabando con casi todos los territorios no-civilizados del planeta, aún queda mucha belleza en lo salvaje. Desde la montañas de Mongolia al desierto de Namibia, en las profundidades del bosque de Papúa Nueva Guinea y las selvas de Ecuador, personas viven en comunidades tan remotas que no han sido tocadas por la civilización occidental. En su monumental libro “Before They Pass Away” (Antes de que desaparezcan), el fotógrafo británico Jimmy Nelson viaja a estos lugares con la esperanza de inmortalizar a las últimas tribus auténticas del planeta antes de que desparezcan (porque casi seguramente, lo harán).

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En el proceso también nos muestra cuántas cosas hemos perdido en el camino hacia la  modernización y nos confronta con lo más humano de nuestra humanidad. Con un mundo donde hay mucho más pureza de la que la mayoría de nosotros hemos visto junta.

Sus fotografías, es verdad, tienden al romanticismo y al punto de vista icónico. Pero, quizá por lo mismo, funcionan como catalizadores de reflexión y discusión. Estos grupos étnicos no deben desaparecer y abandonar su cultura al mundo moderno (como otras ya lo han hecho). Tienen una riqueza que nosotros perdimos hace mucho tiempo. Estas tribus, aunque no tengamos que estar personalmente interesadas en ellas, representan una individualidad y un balance que ya no tenemos. En conjunto, este libro es un gran recordatorio de las maravillas de la Tierra y al mismo tiempo es un disparador de asombro, algo que también hemos olvidado sentir.

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Diesel: otro factor que amenaza la supervivencia de las abejas

El uso de diesel afecta la percepción olfativa de las abejas, evitando que estas logren identificar que flores son más sanas.

El diesel (utilizado por coches, autobuses, trenes, barcos y maquinaria pesada) parece ser el más reciente enemigo de estas pequeñas polinizadoras.  Un estudio conducido por la Universidad de South Hampton en Inglaterra parece demostrar que los motores de diesel afectan el sentido del olfato de las abejas, mismo que estas emplean para localizar flores con polen.

Las abejas (Apis mellifera) necesitan un excelente sentido del olfato para poder localizar flores que valen la pena polinizar. A su vez el olor de las flores está compuesto por miles de químicos que definen su contenido nutricional. Una abeja aprende a detectar cuales flores tienen el polen más rico y después se lo comunican a las otras abejas de su colmena.

Tras entrenar a las abejas a reconocer las flores (específicamente canolas), los investigadores expusieron las flores a diesel bajo en sulfuro para ver en qué manera los compuestos químicos de las flores cambiaban. De manera casi inmediata los gases emitidos comenzaron a deshacer los dos compuestos odoríficos de las flores: farnesene y terpinene, los investigadores después removieron estos dos compuestos de la mezcla.

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Según la neurobióloga Tracy Newman de la Universidad de Southampton y co-autora del estudio “vimos que hasta un pequeño cambio en los componentes de la mezcla causaba un cambio enorme en la sensibilidad de las abejas”.

El grupo de gases responsable de causar los cambios a los componentes del polen es el NOx, compuestos que contienen nitrógeno y oxigeno que reaccionan con los olores volátiles de las flores. El gran problema con el NOx es que se encuentra en la gasolina, bencina, biodiesel y en el etanol. “Este tipo de emisiones se ignora con cierta frecuencia cuando se habla del cambio climático ya que estas emisiones no están asociadas con los gases de invernadero”, apunta Guy Poppy, otro autor del estudio.

Con respecto a los resultados del estudio José Fuentes de la Universidad de Penn State dijo que “El estudio claramente muestra que la contaminación del aire puede tener un impacto pernicioso en la habilidad de las abejas para reconocer comida”.

“Las abejas enfrentan muchas tensiones en el mundo moderno, incluyendo enfermedades, insecticidas y contaminantes atmosféricos. Lo más probable es que las abejas puedan lidiar con la mayoría de estos factores cuando estos están aislados, o cuando son solo dos o tres. Sin embargo, cuando todos se unen al mismo tiempo, podemos empezar a ver los efectos y a la vez explicar muchas de las cosas que estamos viendo… con las muertes de polinizadores en el mundo”.

Pueden leer el estudio completo al seguir este enlace.

También en Ecoosfera: Las abejas desarrollan “fidelidad floral”: el equilibrio de un ecosistema es más frágil de lo que se pensaba.



Las abejas desarrollan “fidelidad floral”: el equilibrio de un ecosistema es más frágil de lo que se pensaba

Entender el funcionamiento de los ecosistemas a través de las relaciones entre especies podría ayudarnos a comprender el impacto ambiental que tiene la desaparición de sólo una especie en la naturaleza.

Un grupo de biólogos trató de demostrar la relación entre las especies animales y sus ecosistemas, específicamente entre las poblaciones de 10 especies de abejas y  las flores silvestres que viven en cierta zona de las Montañas Rocallosas, en Colorado, EU.

El estudio busca entender cómo la competencia reducida entre polinizadores podría afectar la “fidelidad floral” (esto es: la especialización) entre las abejas restantes, lo que supondría que las plantas se reproducirían con menos efectividad. En otras palabras, el estudio busca entender el impacto de una biodiversidad reducida en el medio ambiente.

“Encontramos que estas flores silvestres producen un tercio menos de semillas en ausencia de sólo una especie de abeja”, según Berry Brosi, el director del estudio para la Emory University. “Esto es alarmante, y sugiere que la disminución global de polinizadores podría tener un impacto mayor en las plantas con flores y en las cosechas de comida de lo que habíamos pensado.”

Y es que el 90% de las plantas utilizan a los animales (sobre todo a los insectos) en algún punto de sus procesos de fertilización y reproducción; las abejas son los polinizadores más importantes y han evolucionado conjuntamente junto con las flores que les aportan alimento. Sin embargo, durante la última década muchas poblaciones de abejas han disminuido.

En análisis por computadora, los investigadores asumieron que la desaparición de una especie de abejas podría no resultar tan grave si otra especie tomara su lugar. En la práctica, sin embargo, los resultados fueron diferentes: “Muchos polinizadores visitan muchas especies de plantas durante su vida, pero a menudo dan muestra de lo que llamamos fidelidad floral durante cortos periodos de tiempo”, afirma Brosi.

“Tenderán a enfocarse en una planta mientras esté en flor, y luego de unas semanas se moverán a la siguiente especie en flor. Podemos pensar en ellos como monógamos seriales.”

Esta “fidelidad” a una misma especie de plantas es en última medida lo que garantiza la reproducción de dicha especie, pues la efectividad de los polinizadores se reduce “cuando las abejas son promiscuas, visitando plantas de más de una especie durante una misma temporada de floración.”

Para llevar a cabo el experimento los investigadores crearon un grupo de control con abejas locales y siguieron los patrones de movimiento y polinización de otros grupos silvestres, comparando sus resultados después de un periodo de tiempo.

Las metodologías utilizadas, afirman, fueron respetuosas con las abejas, quienes a decir de los investigadores “son unas pequeñas creaturas muy robustas”. Por su parte, ningún investigador resultó con picaduras de gravedad durante el desarrollo del experimento, el cuál es el primero en relacionar el mecanismo de especialización con el funcionamiento de un ecosistema completo, y “tiene el potencial de abrir toda una nueva gama de estudios sobre las implicaciones funcionales de las interacciones entre especies.”

[Science Daily]

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