5 lecciones de las compañías que han hecho productiva la sustentabilidad

Un nuevo estudio encontró que las compañías que adoptan la sustentabilidad están haciendo más dinero que antes. Aquí hay 5 consejos que podemos aprender de estas compañías.

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Buenas noticias para los líderes empresariales: cada vez hay más evidencia de que la sustentabilidad sí va de la mano con las ganancias; y lo confirma el reporte “The Innovation Bottom Line” de MIT y del Boston Consulting Group, que examinó la administración de 2,600 ejecutivos alrededor del mundo.

De acuerdo con este estudio, el número de compañías que ha obtenido ganancias al cambiar sus modelos de negocios y al incorporar iniciativas sustentables ha aumentado del 23% del año pasado a 37%.

El estudio toma de ejemplo a Kraft Foods, ahora conocidos como Mondelez International:

A través de innovaciones en su cadena de suplementos, la compañía redujo significativamente los costos de empaque. El nuevo plástico contendedor requiere 50% menos energía para producirse y utiliza 28% menos material que sus predecesores. Los nuevos contenedores, más grandes y más fáciles de utilizar, y que también son menos caros para producirse, son extremadamente con los restaurantes, lo que le ha dado a Kraft una ventaja competitiva debido a sus menores costos.

Impresionantemente, el 61% de las compañías que han cambiado sus modelos de negocios, al incorporar la sustentabilidad como una parte primordial de su administración, afirman que han obtenido beneficios económicos de sus esfuerzos.

Todas estas compañías comparten 5 prácticas en común:

    1. Están preparadas para cambiar sus modelos de negocios.
    2. Integran la sustentabilidad directamente en sus negocios.
    3. Mantienen un registro del desempeño de los nuevos modelos.
    4. Entienden cómo sus clientes ven la sustentabilidad y cuánto están dispuestos a pagar por ello.
    5. Colaboran con personas y grupos ajenos a su organización.

En resumen, el reporte sólo reitera lo que muchos profesionales ya sabían instintivamente: que los esfuerzos sustentables deben ser integrados en un negocio a todo los niveles y que la responsabilidad es clave para obtener metas.

[Co.EXIST]

 

 



¿Por qué un Estado informado y participativo podrá salvar a la biodiversidad de México?

Uno de los ecosistemas más importantes es el Sistema Arrecifal Veracruzano (SAV) el cual nos ofrece diversos servicios ambientales protegiéndonos contra los vientos y los huracanes.

El Estado de Veracruz ha enfrentado diversos conflictos ambientales en los últimos años debido a las actividades productivas que se desarrollan en el territorio (Rodriguez 2006). Como consecuencia se ha visto un impacto ambiental en sus ecosistemas.

Uno de los ecosistemas más importantes es el Sistema Arrecifal Veracruzano (SAV) el cual nos ofrece diversos servicios ambientales protegiéndonos contra los vientos y los huracanes. En el reporte de un área natural protegida amenazada del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) se puede concluir como el SAV se ha visto amenazado por un mal manejo de las autoridades permitiendo llevarse a cabo diversas actividades que han ocasionado un deterioro dentro de la poligonal. Algunas actividades que han ocasionado un daño son la sobrepesca, el turismo, la contaminación, la extracción de coral para material de construcción, e inclusive se ha visto amenazado por la artesanía, siendo un atractivo turístico en el Puerto, la cual utiliza  diferentes especies como corales blandos y duros, moluscos, crustáceos y otros grupos de animales. 

La gran amenaza que está enfrentando hoy en día el SAV es la ampliación del Puerto de Veracruz. Desde hace varios años diversas organizaciones como el CEMDA y la Asociación Interamericana de Derecho Ambiental (AIDA) se han manifestado para que este proyecto no se lleve a cabo y así poder salvaguardar este ecosistema, pero ¿cómo vamos a defender algo de lo que no estamos enterados? ¿Cuántos realmente conocen la importancia del Sistema Arrecifal Veracruzano? Y ¿Cuántos de nosotros estamos enterados de las amenazas por las que ha pasado? Debemos de saber que los arrecifes de coral son uno de los ecosistemas más diversos y complejos en la Tierra (Hernández y Vives, 2002). Éstos  empiezan a formarse cuando un pólipo se adhiere a una roca del lecho marino dividiéndose en miles de clones, se crean colonias gracias a la estructura calcacea de los pólipos que se conectan entre sí y cuando las colonias van creciendo estas se agrupan formándose arrecifes (National Geographic 2010).

La importancia de los arrecifes de coral reside en los servicios ambientales que brinde, otorgándoles una importancia ecológica, social y económica (AIDA 2015). Los servicios ambientales son las condiciones y procesos naturales de los ecosistemas por medio de los cuales cuáles el hombre obtiene algún tipo de beneficio (Cortina et al 2007).

Los servicios ambientales se pueden dividir en cuatro clases (MEA 2005):

– Servicios de suministro: son los productos obtenidos de los ecosistemas como el alimento.

– Servicios de regulación: son obtenidos mediante diversos procesos de los ecosistemas. Por ejemplo, sirven como amortiguamiento a los efectos negativos de los eventos hidrometeorologicos extremos.

– Servicios culturales: son los beneficios no materiales obtenidos de los ecosistemas. Por ejemplo, el valor científico que tienen diversos ecosistemas llevándose a cabo diversas investigaciones en el área o el valor recreativo que tienen algunos ecosistemas permitiendo diversas actividades.

– Servicios de soporte: mantienen los procesos de los ecosistemas permitiendo la provisión del resto de los servicios como el mantenimiento de la biodiversidad (Inecol 2010).

Como se observa, podemos obtener diversos beneficios a través de los ecosistemas, por ejemplo la industria turística se beneficia a través de los servicios culturales ya que dentro de ellos se encuentra un valor recreativo permitiendo de esta manera el ecoturismo. Analizándolo de esta manera son más importantes de lo que pensamos, como ciudadanos debemos generar una conciencia ambiental para preservarlos y protegerlos de las diversas amenazas que enfrentan hoy en día.

Una vez entendido lo importante que es un sistema arrecifal por los diversos servicios que nos ofrecen, debemos hacernos la pregunta ¿es necesario que el desarrollo de una ciudad implique un gran impacto ambiental sobre uno de sus ecosistemas? La respuesta es fácil y sencilla: no. Al permitir estos tipos de proyectos nos estamos olvidando del desarrollo sostenible que de acuerdo con la Declaración de Río de 1992: “el derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones tanto presentes como futuras, es imposible considerarse de forma aislada ya que la protección al medio ambiente es parte integrante del proceso de desarrollo” (Principio 3 y 4 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992). La Comisión Oceanográfica Intergubernamental nos informa que un aspecto fundamental del desarrollo sostenible es un medio ambiente sano y productivo ya que los ecosistemas que presentan buena salud y un funcionamiento óptimo brindan un mayor potencial de maximación a largo plazo de los beneficios sociales y económicos.

Retomando el caso del SAV, es necesario informarnos sobre la amenaza que está enfrentando, de qué manera está siendo afectado y con ello qué consecuencias se generarán en la ciudad, ya que al generar un impacto ambiental dentro del arrecife se puede generar una perdida en los servicios que nos ofrecen y estos son diversos, por ejemplo: los arrecifes nos proporcionan alimento, funcionan como barreras contra los impactos del cambio climático, generan beneficios para el turismo debido a su gran belleza (AIDA 2015), la flora y fauna que viven dentro de los arrecifes son proveedoras de sustancias útiles en farmacología (Romeu 1995).

Sin duda una comunidad informada toma mejores decisiones, es tiempo de tomar responsabilidad en estas problemáticas. La exigencia del cumplimiento de la normatividad ambiental requiere que esta sociedad sea activa y participante (Carmona, s.f). Un ejemplo claro es Cabo en Pulmo, un sistema arrecifal ubicado en el Golfo de California que se ha encontrado amenazado por diversos proyectos pero que gracias al esfuerzo de las comunidades aledañas en conjunto con diversas asociaciones civiles, académicos y científicos han logrado salvaguardar este parque nacional con resultados exitosos ya que el área se ha recuperado de la sobrepesca permitiendo el regreso de especies migratorias como el tiburón ballena y las tortugas marinas (Cabo Pulmo vivo, s.f).

Es esencial que la comunidad se involucre en las problemáticas ambientales, a fin de generar conciencia y con ello ser responsable de las decisiones que se tomen en el territorio. Debemos convertirnos en ciudadanos ambientales, es decir, aquellos voluntarios comprometidos a aprender acerca del ambiente para poder involucrarse por medio de la acción generando soluciones a favor del desarrollo sin descuidar el enfoque ambiental (Mrazek 1992, citado en Gaudiano 2003).

En conclusión, para poder convertirnos en esos ciudadanos ambientales necesitamos generar nociones de aprendizaje y de participación y sólo lo lograremos comprometiéndonos a informarnos sobre los problemas ambientales, sus causas y sus posibles soluciones para saber cómo actuar. Necesitamos crear un sentido de pertenencia a través de las diversas prácticas sociales y culturales. (García 1995, citado en Gaudiano 2003). Debemos asumir un compromiso con el bienestar común, necesitamos desempeñar un rol de protección al medio ambiente exigiendo el cumplimiento de nuestros derechos ambientales mediante el acceso a la información, uso de herramientas legales y a través de la participación en la toma de decisiones.



¿Por qué es tan necesario que la agricultura y los bosques se unan a favor de la conservación?

Aunque suelen percibirse como enemigos, existen formas de coexistencia sustentable enre el cultivo del campo, el bosque y la ganadería.

La agricultura, sobretodo a gran escala, se ha convertido en una amenaza de la biodiversidad. La expansión desmedida e irresponsable de las áreas de cultivo ha provocado la pérdida de miles de hectáreas de bosques y atentado contra la diversidad biológica que se concentra abundantemente en estos territorios. Según cifras de la FAO, alrededor de 4,400 millones de hectáreas en el mundo son destinadas al cultivo y esta superficie constantemente gana terreno a los ecosistemas originales.

Sin embargo, la agricultura es la base alimentaria del mundo desde épocas inmemorables. En el caso, por ejemplo, de México, el cultivo de la tierra tiene, y ha tenido, un rol crucial en el sustento, estilo de vida y cosmovisión de sus habitantes.

Debido a que ambos, agricultura y bosques, son esenciales para el futuro de las poblaciones del planeta, su alianza a favor de una coexistencia sostenible se presenta como algo imprescindible.

La problemática

Al igual que en otros lugares, en México ocurre un frecuente cambio de uso de suelo, de bosque a campo de cultivo, por la falta de incentivos en torno al aprovechamiento de recursos forestales frente al cultivo de, por ejemplo, aguacate o palma africana. Esto se debe en buena medida a que las comunidades, que por cierto poseen buena parte de las tierras boscosas, no encuentran en el bosque una fuente de ingresos, misma que si hallan en el campo.

Lo anterior tiene que ver con políticas que desincentivan la rentabilidad sustentable de los bosques. Por ejemplo, en México existen los pagos por servicios ambientales (PSA) que se otorgan a los dueños de las tierras ejidales, y que se tornan en una especie de compensación “pasiva” que no estimula a las comunidades a emprender como una empresa forestal comunitaria económicamente rentable, ni mucho menos a conservar su ecosistema con una correcta gestión del bosque y sus recursos. Esto en muchas ocasiones incentiva más bien la conversión de bosques en tierras agrícolas o la concesión a otros mecanismos de aprovechamiento, no sustentable, como lo son la minería o el desarrollo urbano.

Soluciones

A raíz de estas problemáticas han surgido planteamientos, desde la filosofía del manejo forestal comunitario, como el de practicar la agroforestería comunitaria –una especie de agricultura climáticamente inteligente– para impulsar la variabilidad de la diversidad biológica dentro de los bosques.

Como bien señala el Consejo Civil para la Silvicultura Sostenible, se ha comprobado que la agroforestería o agrosilvicultura es un sistema efectivo en el manejo sostenible de los suelos forestales. Básicamente se trata de conjugar, bajo un mismo terreno, dos, o incluso tres, de los actores en disputa: agrocultivo, bosque y ganado. En México esta técnica de cultivo inteligente, y otras más como la agricultura orgánica y la silvicultura comunitaria, han demostrado sus incontables beneficios, tanto para las economías locales como para la mitigación del cambio climático.

La importancia de sustituir las prácticas agrícolas contaminantes, por otras más sustentables, adquirió mayor fuerza en el país a propósito de la última convención sobre Diversidad Biológica, la COP13.

 

En México, la agricultura y el bosque podrían aliarse a favor de la conservación

En México, históricamente se ha incentivado, por medio de subsidios y alicientes, la agricultura y la ganadería a costa de la superficie forestal. Lo anterior se traduce en uno de los principales motores de deforestación, en buena medida por falta de políticas y regulaciones que eviten que se termine subsidiando el derribo de los bosques para producir carne, aguacates o aceite de palma.

Con los acuerdos emitidos en esta cumbre realizada en Cancun, México concretó dos importantes convenios que podrían, en caso de aplicarse correctamente, facilitar la relación entre agricultura y bosques en el país de manera sostenible:

Por un lado se encuentra el acuerdo de colaboración entre SAGARPA y SEMARNAT, que enuncia una nueva etapa en la coordinación de sus sectores correspondientes. Se trata de una alianza para promover estrategias conjuntas y evitar que más zonas forestales sean convertidas en agropecuarias o ganaderas. Aunque todavía no se especifican los métodos para lograrlo, se ha acentuado principalmente la prohibición de proyectos que intenten trasmutar tierras forestales en agrícolas, como ha sido el caso del cultivo del aguacate, que es responsable de la pérdida de millones de hectáreas forestales en México. Mediante este acuerdo, básicamente se prevé una compatibilidad entre desarrollo económico, sustentabilidad alimentaria y preservación del medioambiente, tres conceptos que remiten a la silvicultura y agroforestería y que, esperemos, se encuentre dentro de las metas a impulsar.

Por otro lado, durante la COP13 se acordó un convenio entre SAGARPA y CONAFOR, que versa sobre la posibilidad de mitigación de cambio climático en áreas rurales, por medio del buen manejo de incentivos agropecuarios y forestales, –ya que éstos no se encuentran en equilibrio–, los sistemas agroforestales y la inclusión de políticas y programas para el desarrollo de actividades sustentables en el campo.

Son más de 8 mil comunidades forestales las que habitan en México. Personas con conocimientos de campo, preparadas y dispuestas a aprovechar sus recursos de una manera rentable y sustentable. La solución al cambio climático bien podría estar en manos de estas comunidades que ya comienzan a practicar la agricultura y manejo forestal inteligentes a favor de la conservación, solo hay que garantizarles la oportunidad.



¿Las ciudades como refugios sustentables? conoce UN-Habitat

A partir de los objetivos del milenio fijados por las Naciones Unidas, las ciudades son consideradas como refugios que deben proporcionar seguridad a sus habitantes, Un-habitat es la agencia encargada de que las urbes se conviertan en esto conjugando multifactores enfocados en la sustentabilidad. Resulta evidente la importancia del lenguaje para explicar y configurar la […]

A partir de los objetivos del milenio fijados por las Naciones Unidas, las ciudades son consideradas como refugios que deben proporcionar seguridad a sus habitantes, Un-habitat es la agencia encargada de que las urbes se conviertan en esto conjugando multifactores enfocados en la sustentabilidad.

Resulta evidente la importancia del lenguaje para explicar y configurar la realidad pues su correcta aplicación puede contribuir, entre otras cosas, a ubicar los desafíos. En este contexto la Organización de las Naciones Unidas ha enfatizado en la importancia del desarrollo de las ciudades desde el adjetivo de “refugios”. Estos se definen, según la Real Academia de la Lengua Española, como sitios de asilo, acogida o amparo, es decir, es ahí donde encontramos seguridad para desarrollarnos –una especie de cálido hogar común para llevar nuestras decisiones y vivir felizmente.

Está comprobado que la felicidad a largo plazo, entendida como satisfacción de vida, está estrechamente relacionada con la seguridad social, ecológica y económica que sentimos en nuestros contextos. A partir de esta idea, la ONU ha creado Un-habitat, una agencia encargada de generar los acuerdos necesarios para promover ciudades-refugio, basadas en la sustentabilidad.

Hoy más de la mitad de la población vive en las ciudades, y por lo menos la mitad de los habitantes de las urbes en los países en desarrollo carecen de los servicios básicos como agua y drenaje. Resulta urgente, por lo tanto, que las ciudades sean consideradas como motores de evolución social, para lo cual es fundamental que se regeneren los barrios y zonas castigadas de toda ciudad.

La inclusión y la sustentabilidad son los principales objetivos de esta agencia, y únicamente un entorno que garantice la equidad en el acceso a los beneficios, podría considerarse como un refugio. De acuerdo a esta misión, en 2001 la ONU publicó la declaración sobre las ciudades y otros asentamientos humanos, que incluye una serie de objetivos orientados a honrar el propósito original de las ciudades: unirse y cerrar filas alrededor de un objetivo específico, compartir los beneficios de unificarse en un mismo espacio físico.



Conoce United Businesses, el nuevo modelo económico sustentable

Como civilización humana hemos llegado a un punto en que no es posible mantener una economía cuyo valor más significativo sean las utilidades.

Se dice que la gran última ideología fue el neoliberalismo, el cual alcanzó un desgaste sin precedentes con la crisis económica del 2009. Esta doctrina, privilegiada en Occidente desde la Revolución Francesa, ha llegado a un momento crítico debido al deterioro ecológico y a la persistente inequidad social. La cuarta parte de población más rica del planeta consume la mitad de los recursos disponibles y produce además la mitad de los desechos totales.

Mientras tanto dos mil millones de personas viven en pobreza –la mitad de ellas alimentaria–. Simultáneamente China e India amplían su clase media y estadísticamente, por el ritmo de consumo mundial, nuestro sistema económico resulta insostenible, sobre todo en términos energéticos.

Aunque la energía renovable poco a poco comienza a ser más utilizada e incorporada a proyectos mercantiles, la dependencia al petróleo sigue siendo, a mediano plazo, una lamentable realidad. El calentamiento global y la advertencia científica de desequilibrios ambientales no han sido suficientes para obligar a los países a cambiar los modelos energéticos. Mientras que en el ámbito económico las empresas continúan siendo valuadas en el sistema financiero según las utilidades obtenidas.

Ante este escenario Feike Sijbesma –presidente del Consejo de Agenda Global del Foro Económico Mundial–, ha propuesto un modelo denominado “United Businesses”, el cual generaría una alianza entre gobiernos, sociedad civil y empresas para generar, como parte de la dinámica económica, beneficios sociales y ecológicos para el planeta. En su concepción, una empresa que favorezca en mayor medida estas prácticas tendrá un valor más elevado en el mercado.

La urgencia ecológica, según Feike Sijbesm, está orillando a los gobiernos a que obliguen a las empresas a asumir una responsabilidad directa con el bienestar de las personas y del planeta. Además, advierte la inminente necesidad de un debate que desarrolle nuevos modelos para valuar una empresa, y la urgencia un nuevo paradigma económico. A fin de cuentas recordemos que ningún mercado será realmente ‘libre’ si no prioriza el bienestar común antes que la acumulación de riqueza sectorial.



Las ciencias de la sostenibilidad y las políticas públicas (un nuevo escenario)

Las CS están en camino de convertirse en una herramienta imprescindible para los gobiernos. Sus éxitos y fracasos estarán influenciados por el (des)acoplamiento con las PP y los tomadores de decisiones.

Las Ciencias de la Sostenibilidad (CS) y las Políticas Públicas (PP) son dos caras de una misma moneda. Ambas disciplinas están enfocadas en resolver problemas. Las CS los definen como problemas “perversos” y las PP se limitan a definirlos como problemas públicos. El problema de los valores es otra característica que comparten, siendo fundamental admitir que los tomadores de decisiones tendrán siempre una carga valorativa que influirá en su elección. Comprender las dos disciplinas en conjunto ayudará a generar decisiones mejor fundamentadas y – muy posiblemente – con mayor probabilidad de éxito.

Las CS se definen como el cuerpo de investigaciones transdisciplinarias que aborda las interacciones entre los sistemas naturales y sociales, buscando la reducción sustancial de la pobreza y la conservación de los ecosistemas (Kates et al., 2011). A diferencia de las ciencias exactas y positivistas, sus criterios se basan en el realismo crítico, el cual propone que nada es absoluto. El conocimiento es falible, corregible y tiene sesgos culturales. Por lo tanto, no existe una mejor solución o una formulación definitiva de un problema. La finalidad de las CS es proporcionar una gama de soluciones que sean factibles y que consideren los stakeholders clave de los sistemas socio-ecológicos.

A su vez, las PP son un proceso integrador de decisiones, acciones, acuerdos e instrumentos, ejecutado por autoridades públicas encaminado a solucionar una situación definida como problemática. La política pública hace parte de un sistema, el cual se pretende modificar o mantener (Velásquez, 2009). La mejor política pública muy pocas veces será la que esté basada en una propuesta técnica, por el contrario se considera que la mejor política pública será aquella que este legitimizada entre los diversos actores que serán impactados por sus resultados (Arellano y Blanco, 2013). Un enfoque que actualmente predomina en la estructuración de PP es el económico, ya que los gobiernos siempre trabajan con recursos limitados. No obstante, este enfoque ha sido criticado por no considerar los problemas de manera holística (Sour, 2009). Además del enfoque económico, se tienen que considerar el organizativo, el político y el legal (Aguilar, 2006).

Los conflictos que actualmente apremian a la humanidad son de una naturaleza compleja. Por tal motivo se requiere mayor información para poder formular una solución – o por lo menos un paliativo – que pueda ser efectivo. Las CS se convierten en una vía para conocer las distintas dimensiones de un problema. Considerando el ciclo de políticas públicas propuesto por Eugene Bardach (1998) las CS se insertarían en los primeros tres pasos: Conceptualización del problema, obtención de información y construcción de alternativas. Para que las CS tengan un mayor impacto es imprescindible que la construcción de alternativas contemple los enfoques que están utilizando los policy makers para la instrumentación de las soluciones. De lo contrario, las propuestas no podrán ser aterrizadas porque no se cuentan con las condiciones necesarias para ello.

El economista Otto Neurath escribió hace tiempo la “metáfora del marinero” la cual es útil para describir el quehacer de las personas dedicadas a las CS y a las PP: como marineros que en alta mar tienen que cambiar las formas de su embarcación para hacer frente a los destrozos de la tempestad. Para transformar la quilla tendrán que usar maderos a la deriva o tal vez tablas de la vieja estructura. No podrán, sin embargo, llevar la nave a puerto para reconstruirla de nuevo. Y mientras trabajan tendrán que permanecer sobre la vieja estructura y luchar contra el temporal, las olas desbocadas y los vientos desatados.  

Ambas (SC y PP) trabajan constantemente con recursos limitados (tecnológicos, humanos, temporales, económicos e institucionales). Por tal motivo tienen que hacer uso de los recursos disponibles en el momento (maderos a la deriva) para poder sortear las olas desbocadas y los vientos desatados (problemas emergentes). En este sentido “llegar a puerto” se vuelve un anhelo inalcanzable ya que una de las características de los problemas perversos es que las soluciones a los mismos generan otros problemas.

En conclusión, las CS están en camino de convertirse en una herramienta imprescindible para los gobiernos. Sus éxitos y fracasos estarán influenciados por el (des)acoplamiento con las PP y los tomadores de decisiones.

¡La suerte está echada!

 

Twitter del autor: @Erick_ARS

Erick Alberto Rodríguez estudia la maestría en el Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad en la UNAM

Una colaboración de la Red Ambiental Mexicana.

 

Bibliografía

Aguilar Villanueva, Luis F. (2006), Gobernanza y Gestión Pública, FCE. 500pp.

Arellano, D. y Blanco, F. (2013). Políticas Públicas y Democracia. Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática, No. 30. México: Instituto Federal Electoral. íntegro, 63 pp.

Kates R.W. 2011.What kind of a science is sustainability science?. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(49):19449-19450.

Laswell, Harold D. (1994) “La orientación hacia las políticas”, en: Luis F. Aguilar Villanueva (comp. Y ed.) op. Cit, pp. 79-103.

Sour, Laura (2009). “El enfoque económico en el estudio de las políticas públicas”, en Mauricio Merino et al., Enfoques de políticas públicas, México, CIDE, pp. 133-156.

Velásquez, Raúl. (2009) Hacia una nueva definición del concepto “política pública”. En Revista Desafíos, Bogotá, Colombia (20) 149-187.

Bardach, Eugene (1998). Los ocho pasos de las políticas públicas. CIDE. México, 254pp.

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