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Biocombustible creado con material explosivo producto de la fermentación

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Un grupo de ingenieros químicos de la Universidad de Berkeley ha creado un nuevo combustible a partir de una mezcla que se utilizaba para la fabricación de explosivos a base de la fermentación de una centenaria planta.

El material orgánico podría sustituir a la gasolina y reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero a largo plazo, según el equipo de científicos de Berkeley: “es una material mucho más eficiente que el combustible renovable y con mayores posibilidades de ser comercializado “, dijo Harvey Blanch, profesor de Ingeniería Química en Berkeley.

El descubrimiento ha dejado entrever que el maíz, la caña de azúcar, el pasto y otras plantas de crecimiento rápido como el eucalipto, se podrían utilizar para hacer aceites y combustibles. El proceso descrito por los investigadores rescata un sistema de fermentación descubierto alrededor de 1914 por Chaim Weizmann , químico que más tarde se convirtió en el primer presidente de Israel.

Weizmann utilizó una bacteria llamada Clostridium acetobutylicum para fermentar los azúcares de las plantas y convertirlos en acetona, butanol y etanol, proceso que permitió a los británicos la fabricación de pólvora y explosivos utilizados durante la Primera Guerra Mundial.

El proceso fue utilizado más tarde para la fabricación de caucho sintético, pero fue minimizado a partir de que los procesos de extracción de petróleo se hicieron cada vez más accesibles.

“Se puede tomar una amplia variedad de fuentes de azúcar (melaza de maíz, caña de azúcar, biomasa leñosa) y convertirla en diesel”, dijo Blanch. De hecho, la investigación sobre la creación de un sustituto del diesel es parte de un programa que durante poco más de 10 años ha desarrollado el Instituto de Biociencias de la Energía, una colaboración entre la Universidad de California Berkeley, Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, y la Universidad de Illinois.

Los investigadores han dicho que probablemente se necesitarán cinco años más para perfeccionar el combustible y quede listo para ser vendido al público. Asimismo, calculan que serán necesarios cinco años más para desarrollar un sistema que podría producirlo en una escala lo suficientemente grande como para satisfacer la demanda de los automovilistas, a un costo lo suficientemente bajo como para competir con otros productos.

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