Top: 5 delicias gastronómicas que el cambio climático podría arruinar

Si el calentamiento global sigue aumentando, tal vez en unas décadas las fresas y el chocolate se vuelvan alimentos de lujo y tal vez se pierda por completo la producción de miel maple.

Si el calentamiento global sigue aumentando, se podrían ver afectados numerosos alimentos que nos encanta degustar. Por ejemplo, las fresas y el chocolate se podrían volver productos de lujo, así que dejaría de haber fondues o frutas cubiertas.

Tal vez apelando al sentido del gusto haya más motivación para cuidar nuestra Tierra.

1. Miel de maple

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Cornell, el cambio climático en la tierra provocará que el mes de producción del jarabe de maple se recorra hasta un mes. Pero eso no es lo peor, en los próximos 100 años declinará notablemente y en algunas regiones, por ejemplo al sur de Pennsylvania, se perderá por completo, de acuerdo con el Telegraph.

2. Degustación de vino

Los viticultores en la región de Champagne, Francia, han notado cambios en los últimos 25 años, como “un incremento en el azúcar de las uvas, y por consecuencia un decremento en su acidez. Además, el tiempo de cosecha se ha recorrido dos semanas”. En otras regiones como el norte de Estados Unidos también se reducirá en un 50% la producción y, en un caso más extremo, en Burdeos, también hay riesgo de que en 2050 se vuelva imposible el cultivo de las uvas.

 

3. Chocolate

El chocolate podría volverse un artículo de lujo si los productores no se adaptan a las temperaturas cada vez más altas, sobre todo en Ghana y en Costa de Marfil, donde provienen la mayor parte del cacao del mundo.

 

4. Fresas

Debido al clima cada vez más árido, en Gran Bretaña se comenzó a desarrollar un tipo de fresas que sobrevivan en temperaturas cada vez más altas y con menos agua. Si las fresas y el chocolate peligran, se podrá poner en riesgo los fondues de San Valentín o las fresas cubiertas de este delicioso dulce.

5. Café

El café también podría volverse un producto escaso. En una entrevista de The Guardian, Jim Hanna, el director de Starbucks declaró que el cambio climático está amenazando al grano de café arábico.

[HuffingtonPost]

 



Los polos se están llenando de musgo como hace 3 millones de años (VIDEO)

“Nuestro trabajo está mostrando que partes [de la Antártica] se están volviendo verdes cada vez más. Incluso esos ecosistemas que eran relativamente remotos, aquellos que eran intocables por la humanidad, están mostrando los efectos del humano inducido por el cambio climático.”

El descongelamiento de los polos ha sido un tema alarmante en los últimos años. Investigadores y ambientalistas continúan buscando múltiples maneras de prevenir una catástrofe ambiental que someta a un riesgo significativo la biodiversidad del planeta. A lo largo de estas investigaciones, colegas de University of Cambridge, British Antartic Survey y University of Durham encontraron que en las tierras antárticas están creciendo increíblemente rápido cepas de musgos.

Esto ha evidenciado, comentan, el impacto irreversible del calentamiento global. En palabras de Matthew Amesbury, investigador de University of Exter en Reino Unido, “Nuestro trabajo está mostrando que partes [de la Antártica] se están volviendo verdes cada vez más. Incluso esos ecosistemas que eran relativamente remotos, aquellos que eran intocables por la humanidad, están mostrando los efectos del humano inducido por el cambio climático.” Es decir que si en los últimos 50 años, se había percibido un crecimiento anual de menos de un milímetro de estas cepas; ahora el crecimiento anual supera los tres milímetros. Las cepas están creciendo en el suelo congelado en los suelos deshielados de la Antártica. 

Se trata de una superficie de las cepas están construyendo una capa delagada en el verano, la cual termina eventualmente por congelarse durante el invierno. Estas capas que se van formando han preservado las temperaturas y por tanto su existencia en climas tan fríos. Frente a esto, Amesbury y Rob DeConto, de la Universidad de Massachusetts, explican, el suelo de esta región se está enfrentando a cambios dramáticos en torno a patrones de crecimiento de los últimos 150 años, e incluso de los últimos milenios:

Este es otro indicador que la Antártica está regresando a tiempos geológicos –lo cual tiene sentido, considerando los niveles atmosféricos de CO2 se han elevado a un grado que el planeta no había obtenido desde el Plioceno, hace 3 millones de años, cuando la capa de hielo Antártico era muy pequeña y los niveles de los mares eran más altos. Si los gases de efecto invernadero continúan, la Antártica tendrá un regreso a tiempos previos a la época geológica. Quizá la península se convertirá algún día en bosque de nuevo, como lo fue durante los climas de invernadero del Cretáceo y Eoceno, cuando el continente estaba libre de hielo. 

Los autores concuerdan que estos cambios recientemente observados son sólo el principio: “Estos cambios, combinados con una tierra libre de hielo, desencadenará una alteración en el funcionamiento biológico, en la apariencia, en los paisajes de la península Antártica por el resto del siglo XXI y más allá.” 

 



¿Qué son las manos que surgen del mar y sostienen un edificio veneciano?

El calentamiento global, causado por el desequilibrio ecológico en numerosas regiones del mundo, ha provocado varias consecuencias: desastres naturales, sequías, inundaciones, descongelamiento de los polos, renacimiento de bacterias prehistóricas, guerras, entre otras más.  Frente a esta situación, numerosos activistas y estudiosos en la materia han tratado de frentar el calentamiento global. Para lograrlo han procurado […]

El calentamiento global, causado por el desequilibrio ecológico en numerosas regiones del mundo, ha provocado varias consecuencias: desastres naturales, sequías, inundaciones, descongelamiento de los polos, renacimiento de bacterias prehistóricas, guerras, entre otras más. 

Frente a esta situación, numerosos activistas y estudiosos en la materia han tratado de frentar el calentamiento global. Para lograrlo han procurado generar consciencia en la población mediante la reeducación, promulgación de experimentos ambientales, búsqueda de derechos humanos y de la biodiversidad o arte.  

Un ejemplo de ello son las manos que aparecieron en Venecia. Se trata de un proyecto artístico de Lorenzo Quinn, en donde dos manos, que surgen del fondo del mar, detienen un edificio italiano a punto de hundirse. Esta escultura se llama ApoyoSupport, en inglés– y tiene el objetivo de transmitir empoderamiento. En palabras de Quinn, “Las manos sostienen mucho poder –el poder de amar, odiar, crear o destruir.”, y el poder que un individuo tiene para salvar al planeta –y reducir los efectos del calentamiento global. Compartimos sus imágenes: 

 



Conoce la razón por las que podríamos despedirnos de los días con clima perfecto

Los efectos sobre esta negligencia son realmente más graves: el calentamiento global terminará por “eliminar” los días de clima perfecto.

Imagen principal: http://www.mansunides.org/

En su publicación Economics of Climate Change, Nicholas Stern sentenció que el impacto económico del cambio climático resulta mucho más grave del que se llegó a considerar en un principio, contando con sólo diez años para cambiar esta tendencia pesimista de forma efectiva. Sin embargo, ante la llegada del republicano estadounidense, Donald Trump, a la Casa Blanca, ha surgido una ola de incertidumbre sobre el futuro tanto de la economía mundial como del planeta mismo. 

Durante su campaña, Donald Trump se burló constantemente sobre la “posible existencia del cambio climático”, despreciando los esfuerzos de la comunidad internacional para prevenir mayores consecuencias ambientales, y promoviendo inversiones en fracking, actividad petrolera o la industria minera. De modo que aquellas empresas con grandes inversionistas e ideas renovables, eficientes y movilidad eléctrica, se encuentran en angustia ante la ausencia del marco federal coherente. Por ejemplo, Trump ha declarado su interés en reducir las restricciones ecológicas en el ámbito tecnológico para invitar a las fábricas, como Ford, a invertir en EE.UU. 

Los efectos sobre esta negligencia son realmente más graves: el calentamiento global terminará por “eliminar” los días de clima perfecto. De acuerdo con un estudio climatológico de la Universidad de Princeton y de la Administración Nacional Océanica y Atmosférica –NOAA, por sus siglas en inglés–, los días con clima templados y secos se reducirán a tan sólo diez días al año. Este pronóstico se estima que sea a finales del siglo, haciendo que numerosas regiones pierdan estos días para comer al aire libre con una temperatura promedio de entre 18 y 30º C, con baja humedad y poca lluvia; principalmente Río de Janeiro, Miami, gran parte de África y el norte de Australia. Por ejemplo, en Rio de Janeiro habrá un promedio de 40 días menos de temperaturas cálidas; y Miami, su único día con estas condiciones durante el verano, primavera y otoño del 2100. 

De alguna manera, menciona Sarah Kapnick, coautora del estudio, “Los cambios son más dramáticos en partes del mundo en desarrollo, donde hay una mayor concentración de población.” Por otro lado, las zonas especialmente desarrolladas al norte, ganarán días que se perderán en el trópico: Inglaterra y el norte de Europa serán los más beneficiados; Seattle, ganará nueve días de temperaturas cálidas; Los Ángeles, seis días extras al final del siglo.  

En caso que no se busquen maneras de regular el calentamiento global, habrá un clima extremo a lo largo del siglo: temperaturas elevadas, ciclones tropicales, sequías, inundaciones, entre otros. Estos climas provocarán sequías, huracanes, destrucción, deshielo de polos, pobreza y hambre; y dado que el calor aumenta, incrementa también el nivel del mar inundando las áreas costeras y afectando a especies al borde de la extinción. ¿Es este el futuro que le espera al planeta con el nuevo presidente de EE.UU.? 

Estas son las escalofriantes imágenes del calentamiento global en la Antártida



Los bosques, la clave para ganar tiempo contra el cambio climático

Los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático, pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios.

Para frenar el cambio climático se requiere abandonar los combustibles fósiles y migrar por completo a energías limpias. El problema es que esta transición no solo es bastante compleja, y costosa, también es lenta. Por eso, mientras completamos dicho proceso necesitamos de algún recurso que nos permita ganar tiempo y así llegar a tiempo a esa cita urgente que tenemos todos con el planeta. 

Dentro del escenario descrito, los bosques adquieren un papel crucial. Su capacidad para retener carbono, y así bajar las emisiones, permitiría desacelerar el calentamiento global y ganar unos años, suficientes para que con políticas energéticas adecuadas, logremos revertir la situación antes de que alcance un punto incontrolable. Para conseguirlo, tal como se advierte en el Acuerdo de Paris, es imprescindible mantener el aumento de la temperatura media por debajo de los 2 °C (e idealmente en un máximo de 1.5 °C).

Considerando lo anterior y según advierte un estudio reciente de Woods Hole Research Center, frenar la deforestación y restaurar los bosques, nos permitiría ganar entre 10 y 15 años en nuestra carrera por migrar a energías renovables. En pocas palabras, y como sentenció David Kaimowitz, Director de Recursos Naturales y Cambio Climático de la Fundación Ford, durante su intervención en el seminario “Bosques y comunidades” del SUSMAI, “los bosques están en el centro de la solución al cambio climático”. 

Los bosques no sólo son un recurso oportuno, sino también efectivo en términos de costo. El manejo sustentable de los bosques provee empleo e ingresos para cientos de millones de personas, además de generar energía renovable y favorecer la producción de alimentos. La tecnología para el manejo sustentable del bosque no es costosa y está ya disponible. No es necesario pagar costosas patentes y desarrollar sofisticados dispositivos.

Pero si bien ya tenemos ese recurso imprescindible para ganar tiempo, ahora el reto está en definir cómo lograr cuidar y restaurar los bosques del planeta. Y aquí la respuesta apunta a las comunidades locales e indígenas que desde hace generaciones habitan áreas forestales y que, además, son propietarios de más del 80% de los bosques en el mundo. El reconocimiento de este derecho a su territorio facilita significativamente que dichos grupos se hagan cargo de la conservación y restauración de estas áreas. 

De acuerdo con un estudio de artículo del World Resources Institute, citado por el propio Kaimowitz en un artículo, en aquellos territorios donde se reconoce el derecho de propiedad y gestión de las comunidades, “las tasas de deforestación son de dos a tres veces más bajas que en bosques similares pero donde las comunidades carecen de títulos”.  

En pocas palabras, los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático. Pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios, desarrollar los medios legales y técnicos, y destinar los recursos necesarios para promover el manejo sustentable de los bosques por parte de las comunidades.  



¿Por qué es tan necesario que la agricultura y los bosques se unan a favor de la conservación?

Aunque suelen percibirse como enemigos, existen formas de coexistencia sustentable enre el cultivo del campo, el bosque y la ganadería.

La agricultura, sobretodo a gran escala, se ha convertido en una amenaza de la biodiversidad. La expansión desmedida e irresponsable de las áreas de cultivo ha provocado la pérdida de miles de hectáreas de bosques y atentado contra la diversidad biológica que se concentra abundantemente en estos territorios. Según cifras de la FAO, alrededor de 4,400 millones de hectáreas en el mundo son destinadas al cultivo y esta superficie constantemente gana terreno a los ecosistemas originales.

Sin embargo, la agricultura es la base alimentaria del mundo desde épocas inmemorables. En el caso, por ejemplo, de México, el cultivo de la tierra tiene, y ha tenido, un rol crucial en el sustento, estilo de vida y cosmovisión de sus habitantes.

Debido a que ambos, agricultura y bosques, son esenciales para el futuro de las poblaciones del planeta, su alianza a favor de una coexistencia sostenible se presenta como algo imprescindible.

La problemática

Al igual que en otros lugares, en México ocurre un frecuente cambio de uso de suelo, de bosque a campo de cultivo, por la falta de incentivos en torno al aprovechamiento de recursos forestales frente al cultivo de, por ejemplo, aguacate o palma africana. Esto se debe en buena medida a que las comunidades, que por cierto poseen buena parte de las tierras boscosas, no encuentran en el bosque una fuente de ingresos, misma que si hallan en el campo.

Lo anterior tiene que ver con políticas que desincentivan la rentabilidad sustentable de los bosques. Por ejemplo, en México existen los pagos por servicios ambientales (PSA) que se otorgan a los dueños de las tierras ejidales, y que se tornan en una especie de compensación “pasiva” que no estimula a las comunidades a emprender como una empresa forestal comunitaria económicamente rentable, ni mucho menos a conservar su ecosistema con una correcta gestión del bosque y sus recursos. Esto en muchas ocasiones incentiva más bien la conversión de bosques en tierras agrícolas o la concesión a otros mecanismos de aprovechamiento, no sustentable, como lo son la minería o el desarrollo urbano.

Soluciones

A raíz de estas problemáticas han surgido planteamientos, desde la filosofía del manejo forestal comunitario, como el de practicar la agroforestería comunitaria –una especie de agricultura climáticamente inteligente– para impulsar la variabilidad de la diversidad biológica dentro de los bosques.

Como bien señala el Consejo Civil para la Silvicultura Sostenible, se ha comprobado que la agroforestería o agrosilvicultura es un sistema efectivo en el manejo sostenible de los suelos forestales. Básicamente se trata de conjugar, bajo un mismo terreno, dos, o incluso tres, de los actores en disputa: agrocultivo, bosque y ganado. En México esta técnica de cultivo inteligente, y otras más como la agricultura orgánica y la silvicultura comunitaria, han demostrado sus incontables beneficios, tanto para las economías locales como para la mitigación del cambio climático.

La importancia de sustituir las prácticas agrícolas contaminantes, por otras más sustentables, adquirió mayor fuerza en el país a propósito de la última convención sobre Diversidad Biológica, la COP13.

 

En México, la agricultura y el bosque podrían aliarse a favor de la conservación

En México, históricamente se ha incentivado, por medio de subsidios y alicientes, la agricultura y la ganadería a costa de la superficie forestal. Lo anterior se traduce en uno de los principales motores de deforestación, en buena medida por falta de políticas y regulaciones que eviten que se termine subsidiando el derribo de los bosques para producir carne, aguacates o aceite de palma.

Con los acuerdos emitidos en esta cumbre realizada en Cancun, México concretó dos importantes convenios que podrían, en caso de aplicarse correctamente, facilitar la relación entre agricultura y bosques en el país de manera sostenible:

Por un lado se encuentra el acuerdo de colaboración entre SAGARPA y SEMARNAT, que enuncia una nueva etapa en la coordinación de sus sectores correspondientes. Se trata de una alianza para promover estrategias conjuntas y evitar que más zonas forestales sean convertidas en agropecuarias o ganaderas. Aunque todavía no se especifican los métodos para lograrlo, se ha acentuado principalmente la prohibición de proyectos que intenten trasmutar tierras forestales en agrícolas, como ha sido el caso del cultivo del aguacate, que es responsable de la pérdida de millones de hectáreas forestales en México. Mediante este acuerdo, básicamente se prevé una compatibilidad entre desarrollo económico, sustentabilidad alimentaria y preservación del medioambiente, tres conceptos que remiten a la silvicultura y agroforestería y que, esperemos, se encuentre dentro de las metas a impulsar.

Por otro lado, durante la COP13 se acordó un convenio entre SAGARPA y CONAFOR, que versa sobre la posibilidad de mitigación de cambio climático en áreas rurales, por medio del buen manejo de incentivos agropecuarios y forestales, –ya que éstos no se encuentran en equilibrio–, los sistemas agroforestales y la inclusión de políticas y programas para el desarrollo de actividades sustentables en el campo.

Son más de 8 mil comunidades forestales las que habitan en México. Personas con conocimientos de campo, preparadas y dispuestas a aprovechar sus recursos de una manera rentable y sustentable. La solución al cambio climático bien podría estar en manos de estas comunidades que ya comienzan a practicar la agricultura y manejo forestal inteligentes a favor de la conservación, solo hay que garantizarles la oportunidad.

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