Salir al bosque ayuda a matar el cáncer, muestra estudio

La tranquilidad que generalmente se siente en la naturaleza no es solamente un hecho mental, es también una manifestación física. El lugar hace la diferencia y este contacto puede ayudar al cuerpo a generar las células que necesita para matar el cáncer. El reporte realizado por científicos finlandesdes para el World Forestry Congress, que se […]

La tranquilidad que generalmente se siente en la naturaleza no es solamente un hecho mental, es también una manifestación física. El lugar hace la diferencia y este contacto puede ayudar al cuerpo a generar las células que necesita para matar el cáncer.

El reporte realizado por científicos finlandesdes para el World Forestry Congress, que se lleva a cabo en Seul, también revela que pasar tiempo en los bosques ayuda a reducir el estrés, la fátiga muscular, la depresión y el síndrome de décifit de atención. Mientras que medicamentos , como el Taxol, fabricados a partir de algunos árboles están siendo suados para combatir el cáncer mamario, entre otros.

Está información será usada en el intento de que los urbanistas tengan en cuenta los beneficios de los bosques y los árboles en las nuevas planeaciones urbanas.

La clave de los beneficios de los bosques tiene que ver con que éstos reducen los niveles de ansiedad y estrés lo cual genera las condiciones propicias para que el cuerpo genere células sanas que maten el cáncer. El verde no sólo es vida, el verde mata la muerte.

Vía Science Daily



Los bosques, la clave para ganar tiempo contra el cambio climático

Los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático, pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios.

Para frenar el cambio climático se requiere abandonar los combustibles fósiles y migrar por completo a energías limpias. El problema es que esta transición no solo es bastante compleja, y costosa, también es lenta. Por eso, mientras completamos dicho proceso necesitamos de algún recurso que nos permita ganar tiempo y así llegar a tiempo a esa cita urgente que tenemos todos con el planeta. 

Dentro del escenario descrito, los bosques adquieren un papel crucial. Su capacidad para retener carbono, y así bajar las emisiones, permitiría desacelerar el calentamiento global y ganar unos años, suficientes para que con políticas energéticas adecuadas, logremos revertir la situación antes de que alcance un punto incontrolable. Para conseguirlo, tal como se advierte en el Acuerdo de Paris, es imprescindible mantener el aumento de la temperatura media por debajo de los 2 °C (e idealmente en un máximo de 1.5 °C).

Considerando lo anterior y según advierte un estudio reciente de Woods Hole Research Center, frenar la deforestación y restaurar los bosques, nos permitiría ganar entre 10 y 15 años en nuestra carrera por migrar a energías renovables. En pocas palabras, y como sentenció David Kaimowitz, Director de Recursos Naturales y Cambio Climático de la Fundación Ford, durante su intervención en el seminario “Bosques y comunidades” del SUSMAI, “los bosques están en el centro de la solución al cambio climático”. 

Los bosques no sólo son un recurso oportuno, sino también efectivo en términos de costo. El manejo sustentable de los bosques provee empleo e ingresos para cientos de millones de personas, además de generar energía renovable y favorecer la producción de alimentos. La tecnología para el manejo sustentable del bosque no es costosa y está ya disponible. No es necesario pagar costosas patentes y desarrollar sofisticados dispositivos.

Pero si bien ya tenemos ese recurso imprescindible para ganar tiempo, ahora el reto está en definir cómo lograr cuidar y restaurar los bosques del planeta. Y aquí la respuesta apunta a las comunidades locales e indígenas que desde hace generaciones habitan áreas forestales y que, además, son propietarios de más del 80% de los bosques en el mundo. El reconocimiento de este derecho a su territorio facilita significativamente que dichos grupos se hagan cargo de la conservación y restauración de estas áreas. 

De acuerdo con un estudio de artículo del World Resources Institute, citado por el propio Kaimowitz en un artículo, en aquellos territorios donde se reconoce el derecho de propiedad y gestión de las comunidades, “las tasas de deforestación son de dos a tres veces más bajas que en bosques similares pero donde las comunidades carecen de títulos”.  

En pocas palabras, los bosques del planeta son un factor decisivo en nuestra lucha contra el cambio climático. Pero para que éstos puedan cumplir con la función que de ellos demandamos, es determinante reconocer los derechos de sus legítimos propietarios, desarrollar los medios legales y técnicos, y destinar los recursos necesarios para promover el manejo sustentable de los bosques por parte de las comunidades.  



¿Por qué es tan necesario que la agricultura y los bosques se unan a favor de la conservación?

Aunque suelen percibirse como enemigos, existen formas de coexistencia sustentable enre el cultivo del campo, el bosque y la ganadería.

La agricultura, sobretodo a gran escala, se ha convertido en una amenaza de la biodiversidad. La expansión desmedida e irresponsable de las áreas de cultivo ha provocado la pérdida de miles de hectáreas de bosques y atentado contra la diversidad biológica que se concentra abundantemente en estos territorios. Según cifras de la FAO, alrededor de 4,400 millones de hectáreas en el mundo son destinadas al cultivo y esta superficie constantemente gana terreno a los ecosistemas originales.

Sin embargo, la agricultura es la base alimentaria del mundo desde épocas inmemorables. En el caso, por ejemplo, de México, el cultivo de la tierra tiene, y ha tenido, un rol crucial en el sustento, estilo de vida y cosmovisión de sus habitantes.

Debido a que ambos, agricultura y bosques, son esenciales para el futuro de las poblaciones del planeta, su alianza a favor de una coexistencia sostenible se presenta como algo imprescindible.

La problemática

Al igual que en otros lugares, en México ocurre un frecuente cambio de uso de suelo, de bosque a campo de cultivo, por la falta de incentivos en torno al aprovechamiento de recursos forestales frente al cultivo de, por ejemplo, aguacate o palma africana. Esto se debe en buena medida a que las comunidades, que por cierto poseen buena parte de las tierras boscosas, no encuentran en el bosque una fuente de ingresos, misma que si hallan en el campo.

Lo anterior tiene que ver con políticas que desincentivan la rentabilidad sustentable de los bosques. Por ejemplo, en México existen los pagos por servicios ambientales (PSA) que se otorgan a los dueños de las tierras ejidales, y que se tornan en una especie de compensación “pasiva” que no estimula a las comunidades a emprender como una empresa forestal comunitaria económicamente rentable, ni mucho menos a conservar su ecosistema con una correcta gestión del bosque y sus recursos. Esto en muchas ocasiones incentiva más bien la conversión de bosques en tierras agrícolas o la concesión a otros mecanismos de aprovechamiento, no sustentable, como lo son la minería o el desarrollo urbano.

Soluciones

A raíz de estas problemáticas han surgido planteamientos, desde la filosofía del manejo forestal comunitario, como el de practicar la agroforestería comunitaria –una especie de agricultura climáticamente inteligente– para impulsar la variabilidad de la diversidad biológica dentro de los bosques.

Como bien señala el Consejo Civil para la Silvicultura Sostenible, se ha comprobado que la agroforestería o agrosilvicultura es un sistema efectivo en el manejo sostenible de los suelos forestales. Básicamente se trata de conjugar, bajo un mismo terreno, dos, o incluso tres, de los actores en disputa: agrocultivo, bosque y ganado. En México esta técnica de cultivo inteligente, y otras más como la agricultura orgánica y la silvicultura comunitaria, han demostrado sus incontables beneficios, tanto para las economías locales como para la mitigación del cambio climático.

La importancia de sustituir las prácticas agrícolas contaminantes, por otras más sustentables, adquirió mayor fuerza en el país a propósito de la última convención sobre Diversidad Biológica, la COP13.

 

En México, la agricultura y el bosque podrían aliarse a favor de la conservación

En México, históricamente se ha incentivado, por medio de subsidios y alicientes, la agricultura y la ganadería a costa de la superficie forestal. Lo anterior se traduce en uno de los principales motores de deforestación, en buena medida por falta de políticas y regulaciones que eviten que se termine subsidiando el derribo de los bosques para producir carne, aguacates o aceite de palma.

Con los acuerdos emitidos en esta cumbre realizada en Cancun, México concretó dos importantes convenios que podrían, en caso de aplicarse correctamente, facilitar la relación entre agricultura y bosques en el país de manera sostenible:

Por un lado se encuentra el acuerdo de colaboración entre SAGARPA y SEMARNAT, que enuncia una nueva etapa en la coordinación de sus sectores correspondientes. Se trata de una alianza para promover estrategias conjuntas y evitar que más zonas forestales sean convertidas en agropecuarias o ganaderas. Aunque todavía no se especifican los métodos para lograrlo, se ha acentuado principalmente la prohibición de proyectos que intenten trasmutar tierras forestales en agrícolas, como ha sido el caso del cultivo del aguacate, que es responsable de la pérdida de millones de hectáreas forestales en México. Mediante este acuerdo, básicamente se prevé una compatibilidad entre desarrollo económico, sustentabilidad alimentaria y preservación del medioambiente, tres conceptos que remiten a la silvicultura y agroforestería y que, esperemos, se encuentre dentro de las metas a impulsar.

Por otro lado, durante la COP13 se acordó un convenio entre SAGARPA y CONAFOR, que versa sobre la posibilidad de mitigación de cambio climático en áreas rurales, por medio del buen manejo de incentivos agropecuarios y forestales, –ya que éstos no se encuentran en equilibrio–, los sistemas agroforestales y la inclusión de políticas y programas para el desarrollo de actividades sustentables en el campo.

Son más de 8 mil comunidades forestales las que habitan en México. Personas con conocimientos de campo, preparadas y dispuestas a aprovechar sus recursos de una manera rentable y sustentable. La solución al cambio climático bien podría estar en manos de estas comunidades que ya comienzan a practicar la agricultura y manejo forestal inteligentes a favor de la conservación, solo hay que garantizarles la oportunidad.



Descubre los asombrosos e insólitos beneficios de abrazar a un árbol y a su energía revitalizadora

Los árboles brindan no sólo oxigeno y madera, también una importante fuente de energía sanadora que interactúa entre sí.

Numerosos estudios han demostrado que la naturaleza es un factor determinante en la salud de las personas. Sin marcar una diferencia contundente, la naturaleza brinda una especie de alivio a enfermedades tanto físicas como psicoemocionales; se trata realmente de un proceso en el que se regresa a la fuente del espíritu para renovarse.

Si bien no es sólo de entrar en contacto con espacios verdes, también de volvernos conscientes de las propiedad energéticas que los árboles y plantas proveen. Los árboles brindan no sólo oxigeno y madera, también una importante fuente de energía sanadora que interactúa entre sí.

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En su libro Blinded by Science, Matthew Silverstone comprobó que la energía vibracional de los árboles y plantas brindan una serie de beneficios a la salud de los humanos. Por ejemplo, los árboles poseen energía de grounding permitiendo usar la fuerza para extenderla positivamente hacia los demás. Es decir, un árbol cuando se toca –o se abraza– tiene una vibración única que afecta nuestro cuerpo en maneras maravillosas al entrar en contacto con energía de vida de la naturaleza.

Como mencionamos con anterioridad, no se trata sólo de ver árboles para sentirse bien; si no de conllevar un vínculo de cuidado, en donde se permiten crecer tal cuales son. Esto permitirá recibir toda la fuerza y estabilidad que el cuerpo encarna. Envía energía positiva al agradecerle –verbal o mental– nutrir la tierra; planta un árbol para continuar con el ciclo positivo; ten plantas en tu trabajo u hogar; disfruta de más actividades en el exterior.

[Fractal Enlightment]



Bialoweza, el último gran bosque virgen de Europa

La efervescencia natural que habita este espacio nos recuerda la magia implícita de los bosques que el afán civilizatorio no ha logrado, por fortuna, destruir.

Colores verdes intensos, fluorescentes, llenos de vida, provenientes de musgos, helechos y hongos construídos en la humedad que envuelve a este lugar. Mezclas de tonos cafés de la madera, los troncos, las ramas, deshechos que caen de la épica variedad de árboles existentes: fresnos, robles, tilos, olmos, alisos, etc Fotografías visuales casi existentes solo en los sueños, linces, alces con pronunciados cuernos, inmersos en el colorido entorno junto con corzos, jabalíes, ciervos. Esta es solo una breve degustación visual de Bialoweza.

Con una extensión de 1,800 km2, aquí se manifiesta el eco de lo que alguna vez fue el gran bosque de Lituania. Hoy el último gran bosque de Europa que se mantiene ajeno a la intervención humana, en cuya política de cuidado, un árbol muerto jamás será levantado por la vida que pueda seguir albergando.

Dividido por un muro, por cierto una de las pocas muestras del paso humano por estos lugares, entre Polonia y Bielorrusia se encuentra este paradisíaco y poco accesible bosque mixto, cuya riqueza visual y orgánica resulta ya casi inexistente en la actualidad europea –fenómeno que debemos a la aceleración urbana, la sobrepoblación y la terquedad humana, entre otras cosas–.

Bialoweza, uno de los últimos restos imperturbados del antiguo gran bosque de Litusnia, aloja árboles con más de 500 años de edad, cuya altura llega a superar los cincuenta metros. Tres ríos, que por muchos siglos sirvieron como guía para aquellos que querían atravesarlo, se dibujan aún en este territorio. El bisonte europeo es su símbolo, ya que esta especie eludió la extinción gracias a la protección de la que goza este eco boscoso.

Bialoweza es un parque exuberante, desbordado, que muestra el ritmo estético natural de lugares no tocados por el hombre, en donde el caos y el orden no tienen límites percibibles, pues aquí reina la perfección natural.

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¿Cuántos árboles hay en la Tierra?

El inventario forestal más ambicioso a la fecha nos dice que, aproximadamente, por cada ser humano existen unos 420 árboles.

Hacer un inventario confiable sobre la cantidad de árboles que pueblan el planeta no es una tarea sencilla. Hasta hace poco, se creía que en la Tierra existen unos 400 mil millones de árboles, pero en un nuevo sondeo, el más ambicioso a la fecha, las cifras han arrojado un aproximado de 3 billones (es decir, unos 3 millones de millones); 8 veces más grande que la cifra antes estimada.

Un equipo de la Universidad de Yale encabezado por Thomas Crowther llegó a esta aproximación que supone 420 tres árboles por persona en el mundo, gracias a las fotografías satelitales, a partir de las cuales los científicos pueden encontrar las zonas donde existe más densidad de ellos.

Luego entrecruzaron datos de Parques Nacionales y bosques, muchos de los cuales cuentan con inventarios individuales y así es posible conocer, por unidad, la cantidad de árboles en las zonas más pobladas.

Sobre la deforestación, el mismo equipo calcula que cada año estamos cortando unos 15 mil millones de árboles y únicamente reforestando unos 5 mil millones. La frase sobre plantar un árbol como una manera de trascender el mundo es quizá una de las más atinadas ahora; aunque tres billones parecieran una descomunal cifra para imaginar, lo cierto es que hace unos once mil años, un par de miles antes de que existiese la agricultura, se cree que el número doblaba al de hoy.

[BBC News]

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